¿Cuánta confianza puede depositar un paciente en sus médicos, y en el "sistema" de salud (cualquiera que éste fuese)?
Esta pregunta se proyecta pesadamente sobre una verdadera "perla" de perspectiva clínica publicada en la reciente edición on-line de The New England Journal of Medicine: http://content.nejm.org/cgi/content/full/360/12/1174
Nunca hay suficiente tiempo, cuesta priorizar, los sistemas informáticos son inexistentes, u obsoletos, o poco amigables. Hay demasiados pacientes, hay demasiadas biopsias "negativas" (que no revelan malignidad), hay demasiado trabajo... y la lista sigue.
¿Se podría esperar que, por ejemplo, un Servicio de Patología de un hospital público (o privado) hiciese un esfuerzo importante para tomar contacto con un/una paciente con diagnóstico de malignidad en su biopsia? ¿Habría forma de hacerlo? ¿No parece razonable que el profesional que solicitó el estudio se haga el tiempo para el seguimiento del resultado, o asigne esa tarea a personal administrativo? Recordemos que "la tarea puede delegarse, pero la responsabilidad no".
¿No sería "levantar la varilla" de la exigencia en demasía?
Hay pacientes que niegan. Su excusa casi perfecta: "si fuese algo malo, me hubiesen llamado o citado". Se han perdido "ventanas de curación" en estas grietas. ¿Cómo evitarlas? Ordenémonos: quién o quienes deberían hacerlo?
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